La punta de un lápiz es pequeña, pero el trabajo de Marie Cohydon es aún más diminuto. La artista ofrece una comparación lado a lado de sus esculturas de aves; su escala minúscula, junto con su increíble nivel de detalle, dan fe lo de impresionante que es su técnica. Cohydon hace cosas que parecen imposibles en un espacio apenas mayor que la cabeza de un alfiler; por ejemplo, un tucán posa con el pico abierto y otro pájaro extiende sus alas.
Antes de iniciarse en la escultura y el tallado, la artista trabajó en un campo también conocido por su pequeña escala: el diseño de joyería contemporánea. “En realidad comencé a tallar en miniatura en cera de joyería, luego, naturalmente, usé un microscopio para ver mejor los detalles y pegar a mis sujetos”, le cuenta a My Modern Met. “A partir de ahí, descubrí las posibilidades de la escultura en lo infinitamente pequeño”.
El tamaño la obra de Cohydon parte de cómo ve el mundo. Cuando mira un insecto, se sorprende por su fragilidad y lo pequeño que es, pero también por su resistencia. La artista reconoce que para el insecto, los humanos son inconcebiblemente grandes. “Quizás quería ver cómo es estar en los zapatos del gigante”, reflexiona.
“Trabajar milimétricamente es estar en otra dimensión: aceptar estar en la tormenta de los temblores (corazón, manos) y tornados (imperceptible soplo de aire sobre el polvo). Física; los materiales ya no se comportan igual en esta escala, todo se resquebraja, o se rompe, todo vuela cuando cortas, o intentas ensamblar. Haciendo y rehaciendo, ramita tras ramita, poco a poco, el pájaro hace su nido. Así es el universo del microescultor”.
A continuación, ve los detalles de las esculturas de Cohydon. Estas imágenes fueron tomadas con una lupa especial. Como referencia, el grafito del lápiz tiene cinco milímetros de alto y 2 milímetros de ancho.